Voces muy altas bailan en mis oídos. Estoy demente.
La tribu opositora como bella durmiente
callada y atada por grillos en su mente
espera el beso patriota de un líder valiente…
¿O acaso será que alguien me miente?
Quiero purificar mis pensamientos y afeitar el pesimismo
pero sólo escucho el silencio y la entrega de sí mismo…
La congoja que siento ocasiona carraspera a mi tolerancia.
El otro bando, perdón, la banda de mamarrachos me dan repugnancia
porque profesan malquerencia sin una gota de anestesia.
Esta resignación colectiva me perturba.
La gente se esta acostumbrando y con apatía ve que pasa la turba.
La incapacidad para cambiar la fulana revolución
me exaspera.
Veo llagas en mi tierra, que sólo desea evolución.
Necesitamos avivar la lucha, al menos asomar la cabeza con decisión.
Sacudamos con firmeza nuestros valores.
No estamos amilanados… cerramos los ojos…
Esperando el fin del mal sueño y los sinsabores,
pero a Dios rogando y la tierra pisando.
Tu y yo, todos
ya basta de agravios, injusticias
y humillaciones de estos ladrones.
En fin mucha palabrería para explicar mi cólera
y desesperación, por tanta aflicción
que en si misma me concede ánimo extra
para poder respirar,
y elevar una plegaria al “Señor”
y a los humanos de buen corazón
Te quiero Venezuela… tengo miedo… sin embargo,
se acerca el despertar.
Eso quiero creer y ¡poder rescatar la Nación!