Violencia de Baja Intensidad

Por Rafael Orihuela. Política Tropical

Desde el último trimestre del año pasado asistimos a una escalada progresiva de la conflictividad en el país que alcanza a casi todas sus áreas geográficas, estratos sociales, componentes de la actividad pública y privada.

Conflictividad que ha llegado en algunos casos a la modalidad de” protesta generalizada” como en las empresas estatales de Guayana o en los diversos Estados relacionados con la industria petrolera de Zulia y Monagas.  En otras ramas de la actividad estatal caracterizadas por la presencia dominante del gobierno actual y materializada bajo la forma de empresas recientemente o hace poco estatizadas, como es el caso de electricidad, telecomunicaciones, instituciones bancarias ,hidrológicas, Agropatria, consorcios aceiteros y lecheros, del azúcar y otros rubros alimenticios, desarrollos agrícolas y ganaderos del Sur del Lago, empresas correlacionadas a la explotación petrolera, industria pesquera de todo el eje costero, producción cárnica y de cereales, alimentos procesados, reposición de equipos, partes, autopartes y repuestos, componentes esenciales de las industrias farmacológica y de equipamiento e insumos médicos y en general, todas y cada una de las mermadas actividades de la producción industrial del país.

Una burocracia creciente a la sombra del Estado alcanza ya límites poco predecibles hace 10 años, la cual se mantiene, en buena medida, sin ningún tipo de amparo legal y sometida a las más inverosímiles evasivas para lograr una contratación colectiva que les permita hacerse con un trabajo “digno” y bien remunerado.

La atención de frentes sociales de ineludible responsabilidad estatal como la educación a todos sus niveles y la salud tanto preventiva como curativa, especialmente en sus segmentos ambulatorio y hospitalario, muestran tales signos de descuido e irresponsabilidad, que nos atreveríamos a señalar que, solo son superadas por la gravísima, crónica y persistente crisis carcelaria y el desastre que significa la desatención de la infraestructura nacional, la cual se expresa en todos los rincones del país. Para muestra solo el botón del estado actual de las autopistas, carreteras, vías de penetración rural y puentes que a diario nos presentan el dantesco escenario de un “parece que lo bombardearon ayer”. Para cubrir todas estas falencias que escapan a este breve sumario de lo que acontece a diario en la Venezuela de la “Robolución”, habría que dedicar meses y muchas páginas que indudablemente llegarán a varios volúmenes y conformarán materia suficiente para escribir  “La Enciclopedia de la incompetencia” en estos ya exageradamente largos 14 años de desgobierno.

Basta tomar solo uno de los seis meses transcurridos para verificar cuanto afirmamos y constatar que en la inmensa mayoría de las manifestaciones de protesta que a diario crecen como los mosquitos transmisores del paludismo, hay un incumplimiento gubernamental y es gente humilde las que las dirige y participa.
Quizás la falta de agua y electricidad son los motivos más frecuentes, aunque no se quedan atrás los reclamos salariales, la molestia permanente por el mal estado de  las vías, el funcionamiento inadecuado de hospitales y ambulatorios, la cantidad de escuelas, liceos y universidades que están en el esterero y muchas veces es más fácil navegarlas que caminarlas, como el caso de la muy reciente protesta de los alumnos de la UNEFA con sede en Chuao, Caracas.
La tapa de este frasco gigante ha sido la lamentable situación de más d 100.000 venezolanos, muchos de los cuales, desde hace varios años han visto transcurrir sus vidas y crecer sus hijos bajo ese estigma vejatorio al que los somete  la “revolución bonita” colocándoos en la sub condición social de ”clase F” o refugiados crónicos y el lacrado de la gigantesca tapa del frasco que es esa población carcelaria y sus familiares  transformados por la negligencia culposa de este gobierno en los “muertos vivientes” y “desahuciados” de nuestro sistema carcelario”.

Este cuadro irrefutable de “implosión en cámara lenta” al  que está siendo sometida la población venezolana por la caravana de inútiles y su jefe Agapito Chávez, es el que realmente preocupa a la nomenklatura cubana y a los caporales de la Isla, que ven en peligro sus 100.000 barriles diarios y todos los negocios que chorrean con la triangulación de ventas de todo tipo de materiales, especialmente las “inversiones” en el sector salud, muchas veces dirigidas personalmente por el anestesista Fidel Castro, quien llegó a confesar que habría comprado para Venezuela hasta 300 millones de dólares  en equipos médicos.

La otra tapa de este frasco es la empresa mixta creada para ejecutar obras de infraestructura en salud y compra de equipos con aporte total venezolano pero el 51% de las acciones en manos de un Cubano, quien, para completar la burla y ejercer su condición de “macho dominante”, colocó en la identificación de su “empresa” para los efectos de registro el nombre de “Al Capone”. En justicia, una denominación que viene al caso.

Ante el aislamiento creciente del gobierno, demostrado por las innumerables acciones de calle que hoy signan la protesta popular,  los petrochulos cubanos no tuvieron otra ocurrencia que inventar la conseja de que la oposición democrática venezolana está en fase de preparación de una campaña violenta dirigida a crear un ambiente de “ingobernabilidad” que le permita por medio de la subversión armada la “toma del poder”.

Este efecto de espejo, montado por los sobrevivientes de La Habana pretende “echar tierrita” a los ojos de los venezolanos con la esperanza vana de que no perciban los problemas que aquejan al gobierno, al PSUV , al Presidente Chávez y a la venida a menos petrochulería cubana. Las palabras de Wilmar Castro Soteldo en la plenaria del PSUV hace dos semanas en el sentido de que el cáncer que padece el Presidente podía obligarlo a abandonar la carrera para octubre, abrió la caja de Pandora y desató los conflictos intestinos entre los cinco aspirantes con chance  de alcanzar la herencia a punto de caer en la orfandad. Todos ellos saben que no tienen chance frente a Capriles y el propio Chávez ve diezmadas sus posibilidades frente a una creciente matriz de opinión de que su tiempo histórico ha llegado a su fin. Esta es la verdad verdadera y de allí el empeño desesperado de los tarifados que manejan encuestadoras de maletín en tratar de hacer ver que el gobierno  gana con cualquier candidato, lo que no es más que la aceptación implícita de que Chávez no va pa’l baile. Ante la incertidumbre que nace de un Presidente gravemente enfermo, aunque no moribundo, es que la petrochuleria cubana apela al gastado expediente de “una conspiración subversiva” y desempolva el enmohecido argumento de la inminente invasión yanqui como “espantapájaros” y versión moderna de “La Sayona” que está por salir de verdad, pero no en Caracas. Quizás reaparezca en Sabaneta de Barinas.

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