La danza del jiu-jitsu

Mi comentario de la semana – Las Verdades De Miguel

En el caso de que Chávez no sea candidato o decida declinar antes del 7-O, una especie de logia instalada en el Consejo de Estado ya dispone de su relevo. Tenemos tres escenarios. Sin tener nada que ver ni remotamente con la Logia de los Caballeros Racionales fundada por Francisco de Miranda en el año 1797 en Londres, la agrupación conocida en los corrillos de palacio bajo el nombre de Los Caballeros de Rangel (LCR) ha echado las bases de una matriz de opinión destinada no sólo a desmotivar a Chávez con respecto a la reelección sino, además, minimizar al candidato opositor; en este caso con la idea de abrirle el camino a una aspiración distinta que sirva para la disolución de la actual coalición de partidos tradicionales con sectores de la ultraderecha, agrupados ahora en la MUD.

Como se sabe, ni AD ni UNT se sienten a gusto compartiendo con PJ. El grupo LCR (entre cuyos miembros se mencionan a José Vicente Rangel, Roy Chaderton, Germán Mundaraín, Carlos Giacopini, Miguel Pérez Abad, Samuel Moncada y Jesús Martínez), cuenta con el apoyo externo de un grupo de opositores, entre quienes se cuentan Julio Borges, Henry Ramos, Rafael Poleo, Lewis Pérez y Oscar Schemel.

Escenario uno (con Chávez candidato): Inicialmente se planteó si sería posible ganar las elecciones con el candidato rojo, a sabiendas de que no se está ante el “búfalo” pregonado por la propaganda oficial; la incógnita por resolver es si éste puede obtener una victoria sin disparar un tiro. De contar definitivamente con Chávez para la batalla electoral (siempre y cuando los radicales no decidan el camino del atajo), se estimó como opciones recomendadas para su campaña: la agresividad, la tenacidad, que se haga común su voz potente con una mezcla de paranoia y capacidad para infundir el miedo ante el opositor; cuanto más furioso más imbatible será Chávez. Hoy su quebrantada salud es utilizada para crear una expectativa cimentada en el silencio; mientras, se va creando la necesidad de su presencia para dar la sensación de la imagen del poderoso como problema insuperable.

Escenario dos (HCR sin chance y el retiro del apoyo de AD y UNT): El dueño de la idea es Oscar Schemel, quien en adelante actuará como el creativo de la campaña; sobre sus hombros descansará la cruzada mediática que tiene como soporte una avalancha de “encuestas” destinadas a dar la sensación de un candidato opositor perdiendo ampliamente las elecciones. Se trata pues de la alienación pura, desplegada en una costosísima publicidad cuyo propósito consiste en asfixiar cualquier deducción lógica del elector. Estaríamos en una fase de ablandamiento consignada a desestimular la opción de HCR. Esa maniobra se endurece a través de los medios de prensa, paradójicamente encabezada por Rafael Poleo en una alianza en el pasado impensable. Se construye el molde donde, entre otras cosas, se troquela una “verdad” según la cual el opositor “no arranca”, “no entusiasma”, “no sube en las encuestas”. Apenas se inicia la ejecución de la estrategia de LCR y se hace sentir que el comando de Capriles Radonski ha sido tomado por sorpresa y mediáticamente, a los ojos de la opinión pública, su opción se ha desinflado. Se trata del mismo Capriles Radonski, ese que hasta hace apenas unos meses (también a criterio del jefe de Interlaces) se exhibía como un cómodo ganador. No se puede negar que en esta primera fase, la propuesta de Schemel ha logrado el objetivo. Ahora bien, ésta no tendría éxito si no contara con los quinta columnas en el bando opositor, sin ellos, la tarea de enfriar a los seguidores del candidato de la MUD quizás no habría obtenido el resultado deseado.

Escenario tres (sin Chávez como candidato): Antes de emprenderla contra el candidato de la MUD, el grupo LCR jugó a las peleas internas de los distintos factores del PSUV cuyos representantes pudieran considerarse como eventuales sustitutos de Chávez. Llegado el momento de la creación del Consejo de Estado buscó que, a través del mecanismo mediático, éste se mencionara como si se tratara de un organismo que estaría preparando la transición a un Gobierno sin Chávez; a ello se deben las informaciones de prensa que hacían aparecer al Consejo de Estado como si se tratase de la antesala previa a la salida de Chávez. Allí volvió la necesidad de pensar en un candidato distinto a los planteados por la conseja popular y presentar uno que no sólo contara con el apoyo de los cubanos (a quienes les garantizaría una relación política-comercial estable), sino que además guardaría las mejores relaciones con el empresariado criollo prometiéndole revisar las políticas de expropiación, a la vez que le inspiraría tranquilidad a los nuevos amos del valle, asegurándoles que no serían investigados.

En cuanto al factor militar se mantendría intacta la actual cúpula castrense. Se trata de un candidato que entre sus promesas tendría la oferta de permitir otra vez un supermercado de partidos, de tal manera que la democracia burguesa, tal cual está concebida, haga creer a los electores que están rodeados de una diversidad de opciones diferentes, y que cuando eligen obtienen algo que es distinto al resto. ¿Quién sería el candidato capaz de representar esa estrategia? Mientras, será poco lo que se conocerá de la verdad de lo ocurrido. Por eso estas líneas. Con ellas trato de hacer gala del axioma según el cual la verdad nunca desaparece, que aun acosada y escondida siempre batallará por salir a la luz.

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