Ciudad oscura

GERARDO BLYDE |  EL UNIVERSAL

No está lejana en la memoria de los caraqueños la eficiencia con la que funcionaba la antes muy venezolana y privada La Electricidad de Caracas. Bastaba una llamada reportando una avería, ya fuera en una zona determinada en la cual hubiera habido la falla de un transformador que dejara sin luz a varias viviendas y negocios o, simplemente, avisarles del número del poste cuyo bombillo se hubiese dañado. Siempre se obtenía una eficiente respuesta. En pocas horas se presentaba una cuadrilla a reparar la falla eléctrica o, en menos de 24 horas, estaban sustituyendo el bombillo quemado del alumbrado público objeto de reporte. La Electricidad de Caracas era un modelo de servicio óptimo. Con un capital privado democráticamente dividido, miles de venezolanos eran sus accionistas. Luego una transnacional adquirió la mayoría accionaria y tomó el control de la empresa.

Alegando protección de la soberanía nacional, el gobierno revolucionario y hegemónico decidió estatizarla y hacerla absorber por Corpoelec para finalmente borrarla del mapa. Ha podido el gobierno forzar para que el capital accionario adquirido por la transnacional se vendiera de nuevo a manos venezolanas, pero prefirió tomarla.

A partir de la estatización, el santo comenzó a padecer. Las fallas del servicio en la ciudad se hicieron cada vez más frecuentes y continuas y el alumbrado público de todas nuestras calles se fue apagando, sin que Corpoelec mostrara ni un ápice de la eficiencia que caracterizaba a la otrora La Electricidad de Caracas. Hoy, la capital, es una ciudad oscura. A los dirigentes del chavismo, que tanto gustan pasearse por Quito, Buenos Aires o Brasilia, ¿no les llama la atención que aquellas ciudades están perfectamente iluminadas mientras que la nuestra es la capital más oscura del continente? Ese es otro “logro” de la revolución.

Cada Alcaldía cancela a Corpoelec cientos de bolívares mensuales para el mantenimiento del alumbrado público de calles, avenidas, plazas y parques. El costo incluye desde el servicio eléctrico hasta la sustitución de los focos. En Baruta sólo este año le hemos pagado más de un millón trescientos mil bolívares fuertes por la facturación de los cinco primeros meses del año. Tenemos cerca de 13.700 postes en el municipio, de los cuales cerca del 40% están apagados. Diariamente reportamos la avería sin obtener respuesta alguna de la corporación eléctrica. Avenidas tan importantes como el Boulevard de El Cafetal (Raúl Leoni), por citar un ejemplo, han permanecido más de un año con la mitad de su alumbrado apagado.

Si el servicio fuera brindado por una empresa privada, de seguro el Indepabis ya hubiera intervenido en protección de los consumidores y sancionado con multas. Pero como quien presta y cobra el servicio es una empresa del Estado, el Indepabis mira para otro lado y no protege a los consumidores, que de manera directa son las municipalidades pero que pagan los millones de ciudadanos usuarios de las vías y espacios públicos.

Muchos edificios privados, ante la oscuridad imperante, han tenido que asumir el alumbrado público de las calles colocando reflectores desde lo interno de sus parcelas hacia la vía. Con ello han recargado el consumo de energía a sus condominios por algo que ya le paga mensualmente la municipalidad a Corpoelec. Es decir, Corpoelec cobra dos veces por lo mismo: al municipio por postes apagados, como si estuvieran en servicio, y a los edificios privados por el aumento de sus consumos internos. Negocio redondo.

Repetir que en lo obscuro el delito prospera es llover sobre mojado. En la oscuridad el delincuente se guarece y espera a su víctima para cometer el acto ilícito que planifica con total frialdad.

Algunos vecinos nos han asomado la tesis según la cual, ante la crisis energética nacional, que en el interior del país la compensan con racionamientos constantes (llamados “programados”) y, ante el temor que se le tiene a la capital de meterla también en esta política de ahorro energético forzado por la incompetencia gubernamental para generar y distribuir electricidad de manera constante y que atienda a la demanda nacional, la forma que hallaron para reducir de manera forzada el consumo en toda Caracas fue no atender al mantenimiento constante del alumbrado público. Luego de tres años luchando para que Corpoelec atienda los miles de casos que se le denuncian sin lograr resultados, esta tesis que consideré al principio descabellada ya no luce para nada inverosímil.

La estatización del servicio eléctrico de Caracas es otro ejemplo de como el centralismo y la hegemonía del poder han hecho añicos aquello que antes funcionaba bien.

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