La campaña de micomandante

Por Elides J. Rojas

La agenda del comandante C4, en estos tiempos de campaña a control remoto forzada, debe ser muy interesante. No tanto por la actividad sino por la gran creatividad que deben aportar los cubanos para mantener al aspirante eterno en la tapa del cerebro de la gente chavista. Independientemente de que sea un candidato gaseoso, hay una cosa segura: con ese estilo solo podrá amarrar a los votantes que están enamorados de él. Nuevo votante que  no palpe, indeciso que no lo vea o escuche, jamás votará por un fantasma. Y después de verlo y escucharlo tal vez menos.

Y eso no es un invento nuestro. La doctrina electoral afirma que al momento en que los candidatos son seleccionados y lanzados ya la gran mayoría tiene una decisión tomada. De allí que la campaña tenga dos objetivos fundamentales: fortalecer y consolidar los votos amarrados y, lo más importante, capturar y convencer a los votantes nuevos, a los abstencionistas y a los indecisos. En Venezuela este sector es decisivo y abarca, haciendo un promedio entre ese bojote de encuestas que andan por ahí, alrededor del 40%.

Chávez, con su original campaña creada en los laboratorios del engaño cubano, no está trabajando por capturar nuevos votantes. Para eso necesita estar en la calle y en el sitio donde están sus víctimas. Con este novísimo procedimiento micomandante terminará, aun entregando ese bojote de cajitas de fósforos que llama casas o las pajareras que llama apartamentos o regalando toda la plata que se le antoje; con más o menos sus votantes de siempre, quitando naturalmente a los que han brincado la talanquera, o a los que el mismo Chávez ha expulsado, que no son pocos. Eso lo dicen los expertos y en algún momento se traducirá en respuestas a encuestadoras y números en sondeos. Si es que hace falta. Porque la mentira cubana llega hasta la creación de encuestas y encuestadoras o, usando la plata de los venezolanos, comprando conciencias.

Por lo pronto veamos qué han inventado los cubanos para tratar de salvar los 120 mil barriles diarios de petróleo que les manda mi comandante y el chorro de dólares que le manda el comandante C4 a Fidel en pago por médicos, espías y hasta matones que andan por aquí.

Primero. Fotos viejas. Colocar fotos en afiches, vallas, portadas de programas, voz en off, fondos de pantalla, de hace unos ocho años cuando mi comandante andaba por los 50 y en efecto era un hombre sano “cuya abuela murió pasados los 90 años, así que solo calculen lo que se van calar”, como decía Mario Silva mientras la baba le llegaba al ombligo. La foto que engalana la portada del plan de gobierno, la cual anexamos a este documento como dicen los abogados, es una muestra de cómo el fraude cubano en materia de imagen va con todo.

Segundo. Esconderlo todo lo que se pueda. No es tanto para que repose para su beneficio. No. De lo que se trata es de esconder la enfermedad y su apariencia, su caminar, debilidades físicas y sus deficiencias. Así que nada de marchas, casa por casa, discursos con aparatos para agarrarse, ascensores para bajarlo y subirlo. Nada de eso. Cada vez que hacen eso, desatendiendo las instrucciones de los cubanos, todo el mundo se da cuenta.

Tercero. Meterse en los programas ajenos por teléfono aunque sea una vez cada dos días. Hacer Consejos de Ministro sentadito y sin mucha bulla. Vale cantar y recitar poemas de Isaías Rodríguez.

Cuarto. Inventar programas en los 1.200 medios del gobierno con entrevistadores ficticios y con Chávez respondiendo, usando grabaciones viejas, editadas y colocadas estratégicamente. La idea es que la gente, al escucharlo, sienta su presencia aunque sea gaseosa.

Quinto. Hay que colocar videos y películas del candidato eterno jugando pelota o corriendo. Trotando, manejando tractores, montado en caballo. La idea está clara. Recordar lo que fue, pero con énfasis en que todavía puede hacer eso.

Sexto. En todos los actos públicos se debe colocar el Himno Nacional cantado por micomandantepresidente. Se deben mandar a editar miles de copias.

Séptimo. Amaneciendo el 8 de octubre que una brigada especial de cubanos se encargue de cargarlo y salir corriendo. Nadie le hará nada, pero el miedo es libre.

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