Lo que nos dejamos quitar por Chávez

Por Orlando Viera-Blanco

El Chávez-candidato de 1998 prometió acabar con las colitas de Pdvsa, los ministerios ociosos, los niños de la calle y la dependencia petrolera. Sentenció la muerte de las tribus judiciales, las cúpulas podridas y los cogollos. Y ya sentado en Miraflores, lanzó ejes ferroviarios y hasta un gasoducto ¡de Miraflores hasta la Casa Rosada!… Epístolas típicas de la egolatría y el delirio que tanto le zamarroneaban a la IV y hoy son leyendas de la V.

La CBV le quedó como paltó con mangas cortas. No daba para confiscar tres millones de hectáreas, hoy 80% ociosas. No menos de 10.000 empresas han cerrado, arrojando parques industriales desolados que intentan reactivarse bajo “las reglas” del despojo… Los niños de nuestros barrios siguen amenazados por el jibarato y una expectativa de vida de 20 años, y las niñas pronto sucumben en vida disipada, convirtiéndose en madres solteras o prostitutas precoces. Tenemos un país que se bate entre violencia y odio, nutrido por un discurso armamentista y miliciano, donde la vida vale menos que la revolución. Este es el gran desafío de un próximo gobierno democrático y liberal. Devolverle a la gente el sentido de humanidad, el derecho a la vida, la propiedad y la justicia, por encima del derecho del gobernante a mandar y deleitar el poder.

Este gobierno nos atrapó en la barbarie de la involución social. Hemos sido llevados a la inermidad por ser testigos a manos atadas de crímenes horrendos como el de los niños Fadul, Danilo Anderson y 150.000 más… Nos han sembrado el miedo como regla y la libertad como excepción. Ahí sigue languideciendo Simonovis en un hueco sotanero -sin luz y sin justicia- mientras esperamos piedad de Chávez, sin apiadarnos de nosotros mismos, por nuestra falta de perplejidad… Son miles los venezolanos expatriados por la violencia o una justiciaal servicio de un teléfono rojo, pero son pocos los que se juntan para luchar. Chávez nos ha hecho ermitaños y poco desprendidos entre nosotros, por lo que ha roto nuestra unidad grupal… Y muy grave: nos han inmunizado contra cualquier escándalo de corrupción. Confesiones de exmagistrados, maletines o toneladas de comida podrida pasan como ver llover… A partir de ahí nos hemos convertido en una sociedad celestina, que convive fácilmente con lo amoral.

Chávez ha embelesado la política tras 4 mil horas de cadenas que habilitaron un gobierno bodeguero al que no se le pide cuenta. Aceptamos la trivialidad, la trampa y la distorsión impune de la historia, ¡creyéndonos otra historia.! Entonces el reto de Capriles es devolvernos nuestra historia, esa que nos dejamos quitar por Chávez, y que no es más que rescatar la verdad y la ilusión de ser venezolanos. ¿Y nuestros votos? ¿También nos los dejaremos quitar?

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