LA INSEGURIDAD COMO POLITICA

Por RICHARD CASANOVA

Capriles ganará las elecciones pero la victoria depende de lo que todos hagamos de aquí al 7 de Octubre, pues aún con muchas limitaciones, el otro candidato está en la pelea. Ahora ¿como un gobierno fracasado, absolutamente inépto, autoritario y corrupto como ninguno, puede mantener un importante respaldo en algunos segmentos de la sociedad?  Hay muchas explicaciones pero una línea estratégica ha sido determinante: El uso del miedo como paralizante social y como mecanismo de afiliación emocional. ¿Cómo se come eso?

El objetivo es generar en la colectividad una alta dependencia emocional, ello supone comportamientos sumisos, falta de confianza en capacidades propias, dificultad en la toma de decisiones, limitaciones para expresar desacuerdos y finalmente, un temor extremo al abandono por parte del líder, a la soledad y a la “pérdida” de protección (o beneficios). En tiempos modernos es difícil encarcelar a toda la disidencia pero el régimen nos induce a construir nuestra prisión interna. El miedo es la principal arma y la inseguridad es una situación políticamente conveniente.

Además de manipular las necesidades fundamentales de los más pobres, el régimen ha explotado resentimientos y frustraciones, algo que el militarismo hace sembrando odio y dividiendo, es decir inoculando violencia en el cuerpo social.  Ello explica la jerga belicosa, el lenguaje virulento, la asociación con grupos narco-terroristas como las FARC o la comparsa con colectivos como “La Piedrita” o “Tupamaros”.

La actitud del Presidente es la principal fuente de violencia y la inseguridad pública contribuye al objetivo político de enclaustrar a la sociedad. Sembrar terror provoca una situación de aislamiento o privación social que induce a la gente a buscar figuras de apego que le proporcionen una “sensación” de seguridad.  Visto que todos los que piensan distinto son oligarcas y pitiyanquis, ese rol solo puede cumplirlo el gran benefactor, el “hombre fuerte”, el Comandante Presidente, el “Bolívar éste”, el líder de la “revolución armada”, el constructor (o comprador) de fusiles, tanques y aviones…  Así que no es casual eso de que “la inseguridad es una sensación”, tampoco la permanente apología al delito y mucho menos la idea de que “primero Dios, segundo mi Comandante”.  A la misma estrategia responden las campañas de amor en tiempo de elecciones.

Ese nexo afectivo que “el líder” ha generado a partir de un cuadro de violencia e inseguridad, existe justamente por la necesidad psíquica de reducir el temor o la tensión emocional de miedo.  Los expertos en psicología social han demostrado una relación directa entre el miedo y la tendencia afiliativa. Pero la situación de inseguridad que Chávez estimuló y permitió, se le escapó de las manos al gobierno. Ahora, a los fines electorales, el TteCnel se ve obligado a inventar la “Gran Misión A Toda Vida”, la cual -después de 13 años de fracasos- es más bien “A Todo Cuento”.

(*) Vicepresidente de ANR del Colegio de Ingenieros de Venezuela / Frente Progresista

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