Comienza la transición

Por Exequíades Chirinos

Entre las diversas preguntas que surgen en la actual campaña presidencial una de las más frecuentes es ¿qué pasará si pierde Hugo Chávez Frías?

La interrogante viene acompañada de otra similar: ¿qué ocurrirá de octubre 2012 a enero 2013?, fechas de elección y asunción del nuevo jefe de Estado de la República Bolivariana de Venezuela.

La respuesta a la primera pregunta es sencilla: Chávez está perdiendo frente al empuje de Henrique Capriles Radonsky y desde ahora existen signos de que el proceso de transición se activó en el país, aunque de manera muy sui géneris.

Los signos evidentes de su descalabro pueden observarse fácilmente en éste último mes de campaña con el cambio de estrategia, al dejar atrás el mensaje del amor para inclinarse por  la arremetida, el ataque frontal contra Capriles, cuya esencia es el odio.

Ningún candidato que esté ganando una elección cambia de estrategia sino, al contrario, la acentúa y éste no es el caso de Hugo Chávez. Además, muestra signos de desesperación con la creación de  una propuesta engañosa, como el supuesto paquetazo de Capriles que intenta posicionar como una verdad, cuando es visible que se trata de una artimaña electoral.

Ese vano esfuerzo de sembrar en los votantes la idea del “nuevo paquetazo” constituye la mejor evidencia de que el candidato – presidente perdió el argumento para convencer a sus electores, recurriendo, entonces, al planteamiento patrañero.

Es decir, a Chávez se la agotó el discurso político en todas sus facetas, desde la promesa como herramienta capaz de trascender el presente para aspirar un mejor futuro, hasta el mensaje del contacto directo, el cual permite no sólo hablarle a la gente sino tocarla, remozarla en esa relación cara a cara, tan importante en una campaña y a la cual Capriles Radonsky le saca provecho.

Más allá, es interesante examinar la incapacidad de Chávez para implantar y hacer creer esa mentira, dado que se vio obligado a recurrir  al auxilio de terceros, cuando en otro momento Chávez no hubiera necesitado de un Didalco Bolívar, David De Lima o de un William Ojeda para intentar posicionar su falacia.

Basta recordar el invento de los paramilitares o paracachitos, episodio en el cual la gente creyó en él, en su palabra, pero esta vez  sencillamente dudan, no los convence y, en consecuencia, su liderazgo se torna débil, acabado.

Lo notorio – y resaltante – es que en la actualidad, a muy corto plazo de la fecha de las votaciones, Chávez, su discurso y, con ello, su candidatura, se deslizan por el sendero de la derrota.

El miedo, entonces, comienza a emerger como aquel elemento dominante adentro y afuera,  proyectándose hacia el electorado, que observa a un candidato centrado en hablar sólo de su oponente, cuando aquel que presume de la victoria sencillamente ignora a sus contrincantes.

Chávez habla de un triunfo inobjetable cuando los electores saben perfectamente que en política no existen las victorias cantadas y, además, miran con recelo a todo candidato que se anticipadamente se vanaglorie de ganar porque algo raro esconde, en este caso miedo y derrota.

Otro aspecto de la campaña del candidato – presidente es que Chávez cada vez más se ve obligado a recurrir a la contratación de militantes, pagados u obligados provenientes en su mayor parte de Pdvsa y sus empresas contratistas, como ocurrió en el acto de Vargas, donde fue necesario trasladar personal de la Refinería de Puerto La Cruz y reclutar gente de oriente.

El cambio de su conducta política es evidente para medios y expertos. “Chávez Ataca al caer en los sondeos”, observa el diario El Nuevo Herald (Estados Unidos) y “sube de tono”, resalta el profesor – investigador Andrés Cañizales  para rematar que, “enfatiza mucho en el adversario” lo cual es una señal “de que está mal electoralmente”.

Mientras tanto el candidato Capriles  forma parte de un continuum de triunfos de la oposición, vencedora en las elecciones regionales del 2008 y en los comicios parlamentarios del 2010, ambos procesos electorales nacionales en los cuales Chávez fungió como gran jefe de campaña, de candidato – sin serlo – y, por ello, se anexó las derrotas.

Los seguidores del candidato de gobierno comienzan a entender que Chávez se ubica en el rango de perdedor y la situación política empieza a girar hacia el escenario de la derrota, produciéndose lentamente una primera transición, de quitarle el apoyo, el voto,  para dárselo a otra opción más promisoria, de Capriles Radonsky, la cual es sinónimo de progreso y paz.

El proceso de transición oficialmente se iniciará la noche del 7 de octubre o la madrugada del 8, cuando se anuncien los resultados y los militantes de Chávez se verán obligados a respetarlos, dado que no les quedará ninguna otra opción frente a la decisión mayoritaria.

De ahí que nada pasará cuando Chávez pierda el 7 –O porque sus seguidores saben que no pueden enterrarse con él y aceptar los resultados adversos significa la supervivencia política en un próximo gobierno en el cual ya Capriles anunció en sus “Primeros 100 días para Tu Progreso” que no habrá perseguidos, verdugos, ni revanchas.

Con el triunfo de Henrique Capriles Radonski ocurrirá que el lapso de octubre 2012 a enero 2013 se acortará y muy probablemente ese anhelado cambio de mando de Chávez a Capriles se producirá mucho más temprano, siendo muy probable que el presidente saliente ni siquiera asista a la ceremonia oficial prevista en la Asamblea Nacional. O acuda con la cabeza gacha, como todo buen perdedor.

 

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