Reflexiones pre electorales

Por Juan Carlos Sosa Azpúrua

En Caracas, a los seis días del mes de octubre de 2012

Mañana domingo finalmente son las elecciones presidenciales en Venezuela.

Hablar de comicios electorales en una país secuestrado por un régimen castrocomunista es un contrasentido, sin embargo, esto parece percibirlo poca gente.

Hace dos años iniciamos un periplo intensivo, recorrimos el país y creamos un movimiento social bajo el concepto del ave mitológica Fénix, conscientes como estábamos que la única forma de derrotar a un sistema totalitario es a través del desconocimiento de su autoridad, partiendo de la base que la misma es ilegítima.

Observábamos las caídas de dictadores en el Medio Oriente y África, sintiendo el cómo las nuevas tecnologías permitían que todas las culturas al final seamos una sola, y que el grito de libertad es un sonido que se escucha en el planeta entero.

Iniciamos una ardua tarea de concienciación, con el objeto de cohesionar a amplios sectores venezolanos en torno a la idea de que es perfectamente válido buscar solucionar nuestra crisis política a través de mecanismos heterodoxos, que no están bajo el control del régimen de Chávez.

Percibíamos que la idea tenía eco, que Fénix no lucía como una utopía, que la nación estaba sintonizándose con su espíritu. Pero los partidos políticos no se permitieron la flexibilidad que se requería de ellos. Aceptaron el cronograma electoral del régimen y se pusieron a diseñar sus agendas en base al mismo. Nos percatamos que iba a ser muy difícil convencerlos sobre los caminos alternativos.

No obstante, procuramos al menos hacerles entender que si iban a organizarse para acudir a procesos electorales diseñados por una institución secuestrada por el régimen de Chávez, al menos exigieran condiciones mínimas antes de someterse a sus directrices finales.

Pasaban los meses y no veíamos que existiera motivación alguna para hacer estas exigencias en representación de los demócratas venezolanos.

Y así fue como llegamos al punto en que los partidos políticos, representados por un organismo llamado MUD (Mesa de Unidad Democrática), anunciaron que organizarían unas elecciones primarias para seleccionar al candidato que confrontaría a Hugo Chávez en las elecciones del 07 de octubre de 2012.

Ante este anuncio, pedimos públicamente que se demostrara al mundo el cómo podían organizarse elecciones sin utilizar los mecanismos que denunciábamos como fraudulentos y que son el elemento neurálgico del sistema electoral venezolano. Teníamos pruebas contundentes de fraudes perpetrados en comicios anteriores; contábamos con evidencias irrefutables que indican el cómo las máquinas para sufragar son bidireccionales y fácilmente manipulables; también el cómo el registro electoral venezolano presenta irregularidades totalmente injustificables; que el crecimiento poblacional no responde a ninguna lógica estadística, y que muy probablemente se trata de un registro nulo, que cuenta con millones de inscritos que no existen o sencillamente no son venezolanos.

Nuestras advertencias chocaban contra paredes de granito.

Entonces, como último recurso, decidí proponer mi nombre como candidato presidencial al margen de la MUD, como un tercer factor que lograra crear conciencia nacional e internacional sobre la inexistencia de condiciones democráticas que garantizasen unos comicios presidenciales enmarcados en los supuestos de la constitución nacional.

La idea era generar presión que eventualmente hiciera que la MUD entrara en conciencia y no realizara su proceso de primarias legitimando todos los vicios que estábamos denunciando.

Pero sucedió algo que no  sabíamos que existiría con semejante sentimiento de fundamentalismo radical. Los medios de comunicación nos vetaron completamente, impidiendo cualquier posibilidad de debate de ideas. Los agentes de la MUD ignoraron nuestras advertencias y un porcentaje importante de la oposición formal venezolana comenzó a agredirnos con ataques descabellados e injustos, tomando en cuenta la trayectoria de vida que tenemos, donde he demostrado sin duda alguna que mi lucha contra el régimen castrocomunista de Chávez es sincera e incondicional.

De nada sirvió una vida dedicada a Venezuela en el ámbito legal, petrolero, cultural y académico. Toda la trayectoria de vida que pudiese tener fue despreciada, es como si un marciano hubiera aparecido de repente a denunciar vicios en el sistema electoral venezolano; nunca se me dio siquiera la oportunidad de explicarme. El veto fue total y visceral, al punto que se me acusó inclusive de ser un agente del chavismo, pese haber sido yo el primer venezolano en demandar a Hugo Chávez ante las cortes internacionales por los crímenes que ha cometido.

Ante semejante realidad, insistí algunos meses más. Recorrí Europa, Estados Unidos y Latinoamérica, generando conciencia, reuniéndome con factores políticos, sociales y mediáticos. Concedí entrevistas en medios internacionales televisivos, radioeléctricos y escritos; escribí infinidad de artículos de prensa; recorrí el país reuniéndome con líderes locales; durante meses invertí todas mis energías en luchar para evitar que la MUD legitimara la farsa del CNE, pero pocos querían escuchar.

Finalmente la MUD celebró sus primarias con seis candidatos que aceptaron someterse al proceso sin previamente cambiar nada de lo que no funciona en el CNE. Con las primarias aceptaron la autoridad de cinco rectores parcializados; de máquinas bidireccionales que son fácilmente manipulables; y un registro electoral permanente que a todas luces es nulo de nulidad absoluta. Al someterse a esas condiciones, las MUD, y sus seis candidatos, las legitimaron totalmente, y perdieron cualquier coherencia para tener autoridad moral de protestarlas posteriormente.

Las Primarias se celebraron con bombos y platillos. Los resultados que arrojaron generaron mediáticamente una ola de triunfalismo que se convirtió en un tsunami de confianza en la posibilidad de derrotar al régimen por la vía electoral, sin necesidad de depurar previamente los vicios existentes.

Inclusive la MUD llegó al extremo de firmar un documento a través del cual sometía a su candidato presidencial a la obligación de aceptar al CNE como el único organismo capaz de anunciar resultados electorales válidos, reconociéndole a la institución chavista absoluta legitimidad y sometiéndose incondicionalmente a la misma.

A partir de los resultados de las primarias, arrancó una campaña electoral al mejor estilo de las democracias del pasado. Los mensajes jamás cuestionaron la naturaleza vil del régimen; su naturaleza tiránica e inconstitucional. Al contrario, se legitimó su obra de desgobierno, aplaudiendo a las misiones, que son el núcleo del átomo chavista; la MUD y su candidato sencillamente trataron al régimen como un simple gobierno que se tornó mediocre con el tiempo, e incapaz de responder a los problemas puntuales del país; pero nunca cuestionaron su legitimidad, a pesar de que Chávez es candidato vulnerando dos veces la constitución nacional; y con respecto al árbitro, no hicieron otra cosa que transmitirle al país su absoluta confianza en el mismo.

Durante meses transformaron a Venezuela en un territorio perfectamente democrático, con dos contendores perfectamente legítimos; arbitrados por una institución pulcra y confiable.  La mayoría de los articulistas de prensa y prácticamente todos los políticos conocidos, no hicieron otra cosa que felicitar lo que estaba ocurriendo, aupándolo en todos los sentidos posibles; sin permitir siquiera el más mínimo cuestionamiento; los medios de comunicación, con honrosas excepciones,  se transformaron en comandos de campaña de los candidatos; nunca hubo discusión de ideas, jamás se permitió que sonaran voces de advertencia; cualquier matiz que graduara los tonos de blanco y negro era borrado sin contemplaciones.

Por mi parte, siempre mantuve mi distanciamiento con respecto a esa estrategia electoral que he condenado como errada desde hace años.  No obstante, llenándome de pragmatismo, decidí darle un voto de confianza al individuo. Por razones muy subjetivas (el conocimiento personal que tengo de él), decidí apoyar públicamente a Henrique Capriles, pero siempre partiendo de la base de mi rechazo a la legitimidad del proceso; dándole un voto de confianza en el sentido de que el 07 de octubre cuando el CNE anuncie sus resultados favorables a Chávez; Henrique no permitiría el fraude y se negaría a reconocer la legitimidad del proceso. Eso, a un día de las elecciones, es lo que espero con toda mi alma que suceda.

¿Qué creo yo que ocurrirá en cuanto a los resultados formales?

Chávez tiene años preparándose para esto. Por eso durante meses hizo que encuestadores reconocidos sembraran el terreno mundial de su apoteósica “victoria”. Su organización para esta mentira es total. Lo vi claramente el jueves al cierre de su campaña en Caracas. Pese a los intentos de negarlo por parte de los fundamentalistas de la oposición, ni un alfiler cabía en siete de las principales avenidas de la capital, todos vestidos de rojo; bailando bajo la lluvia, demostrando compromiso y organización. El objetivo es crear percepciones, que parezca que el país está teñido de rojo, y toda la maquinaria financiada con las arcas del Estado está volcada a crear este mito exitosamente.

Creo que el país opositor ha sido víctima de un encantamiento esquizofrénico totalmente virtual. Las redes sociales, y muy particularmente el canal de televisión “Globovisión”, tienen meses hablándose a sí mismos, creando un universo paralelo de triunfalismo que terminó confundiéndose con la realidad.

En todo momento la oposición quedó mirándose su propio ombligo, subestimando con prepotencia al monstruo que tiene como contendor. “Los rusos también juegan”, y, especialmente en este caso, los rusos jugarán.

La oposición dice tener los testigos que pueden neutralizar cualquier fraude. Para que esto fuera cierto, necesitaría que el 100% de los centros electorales tuvieran testigos opositores y que en ese 100% de centros, se abriera la totalidad de las cajas para hacer un coteo manual. Los reportes que me han llegado demuestran que en los centros remotos y aquellos ubicados en zonas guerrilleras, la oposición no tiene testigos; y también ha quedado claro que no existe la intención de exigir el conteo manual del 100% de las cajas (Ojalá me equivoque).

El objetivo de Chávez es catapultar su revolución y aniquilar completamente la moral de su contendor. Por eso, creo que los resultados de mañana serán devastadores para Henrique Capriles y la oposición venezolana.  Estimo que el CNE le otorgará a Capriles cerca de siete millones de votos; y a Chávez cerca diez millones, capaz y hasta los diez completos (cerca de 53% del inflado REP).

Ante este desolador resultado, la única esperanza es que Henrique Capriles se niegue a reconocerle la “victoria” a Chávez. Esto no tendría un efecto inmediato. Pero la legitimidad de Chávez quedaría herida de muerte, lo que erosionaría su base de poder en un mediano plazo, gracias a los movimientos de resistencia civil internos que se formarían y la presión de la comunidad internacional.

Pero si Henrique Capriles y la MUD reconocen la “victoria” de Chávez, declarando algo como que siete millones es un gran avance y cosas por el estilo; la revolución castrocomunista se consolidaría en Venezuela, y su combate se haría infinitamente más complejo. En este contexto, tendría que surgir una clase política opositora completamente diferente a la tradicional, con liderazgos más cónsonos con la realidad que se tiene que confrontar.  En este escenario, la sociedad civil venezolana tendría que exigirle cuentas a los líderes políticos que permitieron la hecatombe electoral del 07 de octubre (son muy visibles y se sabe muy bien quiénes son); y si existiera algo de justicia y honorabilidad, esos líderes tendrían que reconocer sus responsabilidades, asumirlas y darle paso a la nueva dirigencia, quedándose ellos en la sombra, reflexionando y asumiendo nuevos comportamientos, con un poco menos de soberbia y más sabiduría.

En cuanto al escenario de victoria de Henrique Capriles, anunciado por el CNE;  lo descarto completamente. Jamás un árbitro que trabaja para la mafia traiciona a esa mafia…jamás. Si eso llegase a ocurrir, todo lo que he pensado y por lo que he luchado resultaría baladí; y aquí sí tendría que revisar con severidad lo que han sido los últimos diez años de mi vida.

Finalmente, no publicaré estas reflexiones hasta tanto se den los resultados, ya que no quiero ser inoportuno. Pero las enviaré a algunos amigos y familiares para dejar constancia.

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Una respuesta

  1. Totalmente de acuerdo con los expresado en éste artículo. Propongo regresar al voto manual y conteo manual de todas y cada una de las cajas o perderemos todos las gobernaciones y alcaldías de la oposición.

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