Chávez, usted no me engaña

Por Fernando Ochoa Antich

ni un paso atras1
Mi artículo del próximo domingo se titulaba “Vacío de Poder”. Responsablemente, sostengo la misma tesis: Hugo Chávez no está en condiciones físicas ni mentales para continuar ejerciendo la presidencia de la República. De esta verdad, ya nadie debe dudar. No es fácil explicarle a los venezolanos que su viaje a La Habana se haya realizado en absoluto secreto, era imprescindible que nadie lo viera, y por el contrario, su regreso haya sido televisado por el canal del Estado, con todas las técnicas necesarias para repetirlo cientos de veces como parte de la campaña de los gobernadores del PSUV. Esa es la razón fundamental de su regreso. Respaldar a los candidatos a gobernador del chavismo que, según todas las encuestas, van a ser derrotados en más de doce gobernaciones.

Aunque, Chávez haya regresado y, en medio de fanfarrias, viaje a la reunión de Mercosur, considero que Venezuela enfrenta un problema de seguridad de Estado.  No es posible aceptar, que el presidente de la República desaparezca por más de quince días en un viaje a otro país y desde allí realice acciones de gobierno, sin que nadie pueda asegurar que son tomadas por propia voluntad o, por el contrario, decididas por la camarilla que nos gobierna o bajo la influencia del gobierno cubano. No creo que nadie pueda negar esta realidad. Lo más grave es que Hugo Chávez ganó unas elecciones, en medio de todos los abusos habidos y por haber, engañando a los venezolanos al afirmar que se encontraba en perfecto estado de salud.
La pregunta que debemos hacernos es la siguiente: ¿es posible en esas condiciones físicas y mentales ejercer idóneamente, por seis años más, las complejas funciones de presidente de la República? La respuesta  es no. De allí el esfuerzo iniciado por la camarilla chavista para crear el Poder Popular, rechazado en el Referendo Aprobatorio de la Reforma Constitucional del 2 de diciembre de 2007, en aquel curioso capítulo titulado “La Nueva Geometría del Poder”, que concluía eliminando el voto universal, directo y secreto de los ciudadanos para escoger a los integrantes de los Poderes Públicos. Ahora, de manera inconstitucional, han empezado a imponerlo a través de las leyes comunales y, de lo que han llamado, el proceso constituyente.

Lo más grave, es que el presidente de la República es el comandante en jefe de la Fuerza Armada. A él le corresponde decidir todo lo concerniente a su organización, equipamiento y funcionamiento en tiempo de paz. Sus deberes son más exigentes al declararse el estado de emergencia, ya que le corresponde dirigir el desarrollo general de las operaciones, activar el teatro de conflicto o los teatros de operaciones necesarios designando a sus comandantes. Las amenazas a la soberanía y seguridad de una Nación surgen de manera inesperada, requiriéndose, para enfrentar tan exigente reto, que el presidente de la República se encuentre en perfectas condiciones físicas y mentales. Recuerden el caso de la corbeta Caldas. Estuvimos al borde de una guerra con Colombia.

La estrategia es clara: desmoralizar a la oposición, haciéndole sentir  lo irrevocable de la cuestionada victoria electoral de Hugo Chávez, para incrementar la abstención en los sectores democráticos. Las estrategias chavistas siempre se respaldan con alguna triquiñuela, como suspender las clases, para garantizar su éxito. Un arrollador triunfo del chavismo en las gobernaciones les permitiría superar la ilegitimidad de la elección presidencial. De lograrse, el camino estaría abierto para establecer inconstitucionalmente el Poder Popular y reemplazar el voto universal, directo y secreto de los Poderes Públicos por un voto asambleario de mano alzada, similar al cubano, que permitiría la imposición del reemplazo de Hugo Chávez sin necesidad de ir a elecciones populares.

Esta es la razón fundamental por la cual las elecciones para gobernador tienen tanta importancia. Si la oposición democrática supera el impacto de la derrota en las elecciones presidenciales y acude a votar masivamente, imponiéndose en un número importante de gobernaciones, difícilmente la camarilla chavista estaría en capacidad de imponer un candidato presidencial sin tener que realizar, como lo establece la Constitución Nacional, elecciones populares a los treinta días de declarada la ausencia absoluta del presidente de la República. En verdad, ni Nicolás Maduro ni Diosdado Cabello, estarían en capacidad de derrotar a una oposición fortalecida por el triunfo en las gobernaciones y el impacto que tendría unas nuevas elecciones presidenciales.

Votar es la consigna

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