La Gran Torta Venezolana

armando duran (1)(2)El pasado jueves, China celebró los primeros 60 años de su revolución. La revolución bolchevique y la URSS necesitaron 71 años de sus propios fracasos para llegar al derrumbe y la desaparición institucional a partir de 1989. Hace poco más de medio siglo, el primero de enero de 1959, triunfó la revolución cubana, y ahí sigue, para miseria sin fin del pueblo cubano. En septiembre de 1969, Muammar Gaddaffi asumió el poder en Libia. Robert Mugabe lo hizo en Zimbabue poco más de un año después, en 1980.

La Venezuela de Chávez marcha, desde hace 10 años, rumbo a ese mismo mar de trasnochada (pero eso sí, longeva) felicidad socialista. Quizá para hacerla casi eterna y no terminar en el sucio basurero de la historia, rusos y chinos abandonaron a tiempo la fidelidad rigurosa a los principios del marxismo leninismo y el capitalismo de Estado. A Chávez eso no le pasa por la cabeza. Igual que a Fidel Castro, Gaddaffi y Mugabe, su delirio, entre cuartelario y narcisista, lo condena a un progresivo estado de aislamiento y vergüenza ajena. Y al fracaso, escandaloso y muy palpable, a lo largo de los múltiples frentes que ha abierto la revolución bolivariana. Comenzando por el frente social. Lo nunca visto en una revolución que se autocalifica pomposamente de socialista y que además se jacta de poseer recursos financieros casi infinitos.

En 2003, cuando sus propias encuestas le informaron a Chávez que el referéndum revocatorio convocado para ese mismo año por las firmas de la oposición lo sacarían de Miraflores, buscó el consejo de Fidel Castro, quien por supuesto se puso a la orden de mil amores para montar los programas sociales de emergencia que le permitirían a nuestro comandante en jefe, con ayuda de artimañas y manipulaciones legislativas y judiciales, con la complicidad de César Gaviria y del Centro Carter, y con la todavía inexplicable complacencia de los negociadores de la Coordinadora Democrática ante el CNE, posponer esa consulta refrendaria hasta que los efectos balsámicos de los programas sociales, sobre todo de Barrio Adentro, le hicieron sentirse suficientemente seguro como para someterse a la voluntad popular en las urnas del 15 de agosto de 2004.

Pues bien, es ahí, precisamente en el territorio de la prestación de los servicios de salud y educación, seguridad personal y construcción de viviendas, donde al cabo de estos 10 años resulta más notorio el fracaso del régimen chavista. Basta tomar como botón de muestra lo que ocurre desde hace tres meses en el hospital infantil J. M. de los Ríos, o el drama de miles de estudiantes que aún no han podido regresar a clases por falta de organización o por deficiencias en la planta física de las escuelas, para comprender la magnitud de una situación que los burócratas del régimen no saben resolver. En el sector salud la crisis ha llegado al extremo de obligar al propio Chávez, inquieto por el descontento de la población de menores ingresos, a reconocer el fracaso de su gobierno. De ahí que haya anunciado la posibilidad de relanzar Barrio Adentro este mismo mes de octubre, gracias a la llegada a Venezuela de más de 2.000 nuevos médicos cubanos.

En el terreno de la macroeconomía, el despilfarro sistemático, al que hace un año se agregó el desprecio oficial por los posibles y devastadores efectos de la crisis financiera internacional, ya se hacen notar. ¿Recuerdan a Chávez alardeando de que el sistema económico de la patria nueva ponía a Venezuela fuera de todo peligro? ¡Qué torta, hermano! Porque lo que en verdad tenemos entre manos estos días es pura y simple recesión económica, desempleo creciente, inflación insostenible desde el punto de vista humano, pero también desde un impersonal punto de vista económico. Sin dejar de lado, paradoja de la realidad venezolana, el cada día mayor impulso oficial a la economía de puertos para compensar la parálisis productiva del país, aun a sabiendas de que nuestras importaciones se financian con un dólar cuyo valor real sube y sube desenfrenadamente. Para ponerle su tapa a esta lamentable olla de las insuficiencias públicas, metamos en ella la sostenida destrucción del sistema eléctrico nacional, de Pdvsa y de las industrias de Guayana. Una catástrofe (y la corrupción que la acompaña) mucho mayor de lo que se supone.

A grandes trazos, estos son los principales y más amargos frutos del régimen en apenas 10 años de gestión. De continuar por este camino, me pregunto, ¿cómo será Venezuela dentro de 30, 40, 50, 60, 71 años de mandato bolivariano? ¿Se lo imaginan? arduran@el-nacional.com

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: