Sobrevivientes del hampa

Por: Maolis Castro

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Los hospitales se quedan cortos ante la cantidad de abaleados. Un promedio anual de 39 mil personas resultan heridas por armas de fuego

El 10 julio, Henry Barragán despertó en un hospital de Caracas. Trató de sentarse, pero un fuerte mareo le impidió alzarse. No recordaba que un día antes le habían disparado en la columna para despojarlo de sus pertenencias. Tampoco sospechaba que la bala dejó su movilidad reducida a una silla de ruedas.

A Barragán, 30 años de edad, lo hirieron cuando subía unas largas escaleras para visitar a su suegra cerca del mediodía en San Blas, ubicado en Petare. Estaba contento, su hijo de 7 años había sido sometido a una intervención quirúrgica y posiblemente volvería a caminar. “Pero la suerte del hijo la heredó el papá”, dice Glenia Madrid de Gómez, abuela de la víctima.

El drama de Barragán es usual en Caracas. “Los lesionados por impactos de bala se están convirtiendo en un grave problema de salud pública”, asegura Luis Cedeño, sociólogo y director de la ONG Paz Activa.

La Organización Mundial de la Salud estima que por cada homicidio cometido hay tres o cuatro lesionados, esto dejaría con un promedio de 39 mil heridos por armas de fuego en Venezuela. No todos sobreviven, uno de cada siete suele fallecer. Pero quienes lo hacen padecen una fortuna incierta.

Cedeño afirma que su suerte depende de factores socioeconómicos. “Son afectados, en mayor o menor grado, de manera directa por los costos del tratamiento. También pierden meses y quizás años de vida productiva. Por último, existe una factura intangible: los traumas psicológicos”, explica.

La esposa y los cinco hijos de Barragán conocen estas consecuencias. La víctima trabajaba como albañil y vivían en una humilde casa en Carabobo. Hasta hace dos meses, el hombre era sostén de familia, ahora hallar un medio de sustento lo desvela todas las noches.

La carga familiar es similar en el sistema de salud. En los hospitales públicos de Caracas, las camas suelen abarrotarse de personas abaleadas; mirar salir y entrar a un “tiroteado”, como comúnmente le denominan, es algo normal.

Es lo que relata el personal médico y observan los familiares de los pacientes. “Esto ha sobrecargado al sistema de salud, que debe dotarse de más recursos. La capacidad de los hospitales para atender el crecimiento de lesionados por armas de fuego se quedó corta, podríamos hablar de 30% de déficit ante este problema”, agrega Cedeño.

En menos de una década la cantidad de homicidios por armas de fuego casi se ha triplicado en el país, lo cual dejaría al Estado ante el reto de proporcionar más recursos económicos y humanos para atender a quienes ingresan heridos por balas.

VENGANZAS SIN LEY

“Sabemos quién le disparó, está libre y no lo denunciamos porque lo soltarán pronto y se vengará. Quedó haciendo sus necesidades en una bolsa”, dice Juana Tovar, madre de un joven de 17 años que recibió dos tiros en el abdomen.

Su hijo perdió parte del aparato digestivo, la lesión se la ocasionó un vecino. Había tenido una discusión por una deuda y el agresor prometió vengarse.

Para Paz Activa estás prácticas obedecen a un deterioro social que está de la mano con una posible inadaptación del sistema judicial. “Hay lesiones que pueden ser esclavizantes y humillantes. Los delincuentes ejercen esta violencia para demostrar su `poder’ y suelen quedar impunes”, apunta Cedeño. Es una historia que se repite.

Aunque Barragán y el hijo de Juana sobrevivieron a impactos de balas, sus victimarios también han sobrevivido al sistema judicial, ninguno ha sido capturado.

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