El Pueblo

Y pasaron 365 días más, cuando un pueblo, por fin, celebró una hermosa Navidad, única!, admirable  NAVIDAD ¡!

Había una vez un pueblo que vivió muchos años en la desesperanza. Seres crueles y llenos de maldad, se dedicaron a torpedear y humillar a sus residentes, de tal manera, que los despojaron del motor de la vida, de la felicidad: la esperanza.

Usurparon almas y rociaron lociones apestosas de ruinas y fracasos, sometiendo sus vidas con ritos de mugre y aflicción. Se llevaron a muchos, quitándolos del camino antes del tiempo normal. Lastimaron corazones; en unos casos crecieron gigantes de odio, en otros, lograron doblegarlos.

Se callaron los credos, se durmieron devociones, gente fatua caminaba por las calles de basura, olvidando la ventura. La sangre se derramaba a montones y comenzaron a ser superficiales, insensibles al dolor ajeno y propio, olvidaron mirar las estrellas, dejando de bregar y siendo esclavos ante el rey feo, sin saberlo, con su silencio, con su miedo, su desamor.

Y trascurrieron los días eternos y la gente se agredía y maltrataba sin razón, mientras la porquería que mandaba se robaba sus vidas, su alegría, sus sueños, sus hijos, su tierra.

Algunos locos intentaban nadar en contra, pero los peces grandes con metralletas los acribillaban y nuevamente insistían nadando con salvavidas de ideales, pero la fuerza maligna era muy dañina y los revolcaba. El sacrificio de su lucha, los ahogaba una y otra vez. Y volvían a mojarse en el río duro, lleno de fraudes, farsantes y miserias, porque, realmente eran pocos los que querían a su pueblo y su entrega absoluta, los mantenía con el objetivo de salvar a su pueblo y recuperar la felicidad perdida, no se cuando.

Y pasaron años, entre banderas y consignas, caminatas y votos, mientras la costra asquerosa crecía, olía mal y aborrecible a la vista. De ese pueblo noble, quedaron atrapados y condenados sin juicio, muchos inocentes, otros se escaparon, se escondieron, se fueron.

Expulsaron a tantos de sus casas, que el desaliento provocó que muchos comenzaran a huir, buscando otros pueblos donde vivir, lejos de la anarquía y el caos que cubrió poco a poco sus calles, su paz, su bienestar y se fueron a otros lugares, buscando convivir, conseguir dicha, suerte y prosperidad.

El miedo, las carencias, el sufrimiento se hizo cotidiano, se convirtió en un pueblo triste … hasta que …

En una Navidad, los pobladores, después de tanto infortunio y desdicha, levantaron su mirada al cielo y comenzaron pequeños destellos de reflexión profunda, donde cada uno, inició un cambio interno, paso previo, para el cambio final y colectivo.

Esa mirada  bajó a nivel terrenal, se hablaron con los ojos, se tocaron con el alma, en total desconcierto por no entender como esta locura ocurrió, de haber permitido tanta desolación y destrucción…

Y llegó la hora de destronar al perverso; los rendidos se vistieron de arrojo, los apáticos demostraron estimación a su tierra, los cobardes se manifestaron con brío activo y los unos con los otros trastocaron el deseo de “ uno “, de sustituir la libertad por la esclavitud y se concretó la luz por las ventanas de cada hogar: la insurrección ¡!

Extirpando el tatuaje rojo, se desactivaron los odios, renació la esperanza y regresó la decencia, el honor en miles de rostros…el amor.

Entre todos reconstruyeron su pueblo y  comenzaron a regresar muchos viajeros a la tierra de gracia; que sorprendente el extravío de fe por tanto tiempo…tremendo el renacer del decoro, la presencia de Dios en todos; fue el día definitivo en que decidieron levantar la mirada y las fuerzas de la razón.

El día grande cuando llovió sin parar honorabilidad y se abrieron corazones, los candados se soltaron, dando libertad a  los hermanos del pueblo bendito.

Un eco inmenso de justicia retumbó los oídos del Universo y el “ pueblo “ fue admirado por otros pueblos.

Nació una patria linda nuevamente y crecieron los hijos, en armonía, fortalecidos, para nunca más dejarse vencer por tiranos miserables, destructores de esperanza, de la vida bella que desde arriba el creador, le regala a todos los pueblos del mundo, sin excepción.

…  el Pueblo.   1104203

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